Conocemos el problema laboral, pero ¿Qué hay del DILEMA SEXUAL?

Antonio Ramos

El tema del desempleo y la discriminación laboral está muy trabajado por parte de todas las personas que, de una manera u otra, se relacionan con la salud mental. Anteriormente, vimos que se trata de un conjunto de problemas que tienen difícil solución y que perpetúan el desempleo y, en general, la pobreza.

Sin embargo, se habla mucho menos de la sexualidad en salud mental. Tal vez pensemos que las personas usuarias no tienen ninguna clase de ambición por el tema sexual, por conocer el amor o por tener el objetivo vital de formar una familia.

¡Nada más lejos de la realidad!

Esa capacidad está intacta. Lo que sí sucede es que está inerte, escondida o mejor, esclavizada y encarcelada bajo una prisión que surge de una mezcla de miedo y dolor. En muchos casos, como me sucedió a mí, sobreviene la idea de que aquello no va contigo. Que el amor no encaja en tu vida. Como si la sexualidad desapareciese de un plumazo con el diagnóstico.

Como digo, eso mismo me sucedió hace más de veinte años, y logré contarlo en mi primer libro. Fue un grito para decirle al mundo que todavía seguíamos teniendo un corazón; una capacidad de amar.

Pero siempre tuve la misma pregunta sin respuesta, que también coincide con el tema laboral: ¿Cómo decir a una persona que te gusta que tienes un problema de salud mental?

Este es el dilema del que hablaba en el título de este escrito.

Seguramente, esa expresión de la condición termine con un cambio de perspectiva en la persona que lo escucha (imaginad el impacto que produce la palabra esquizofrenia en una persona desconocida).

Surgen dos opciones, o un rechazo inevitable o tal vez con la comprensión de la otra persona. Existen ambas posibilidades y tal vez posiciones intermedias, pero no podemos negar que la primera sea la más común.

¿Por qué digo que también puede existir la aceptación por parte del otro? Más allá de mi experiencia con mi pareja, veo que en mi trabajo como técnico de apoyo entre iguales, surgen de vez en cuando relaciones afectivas que confrontan esta idea que estamos discutiendo.

Me gustaría dejar claro que las personas que tenemos un problema de salud mental, también tenemos derecho a vivir la sexualidad, a tener relaciones de pareja del tipo que sea, y a tener la capacidad y la voluntad de formar una familia. Negar esta realidad es cuestionar los derechos que tenemos e implica continuar con la discriminación y las barreras que generan ese dolor que procede del exterior.

Para concluir diré que el amor, el sexo y la familia son una parte muy importante para aquellas personas que lo desean y lo buscan. Son parte de la vida humana, y por ello, también son necesarios para las personas que viven con un problema de salud mental.

Y no olvidemos que estos tres conceptos pueden convertirse en poderosos factores para la recuperación, dado que pueden catalizar la consecución de los proyectos de vida de la persona.

La pregunta es, ¿por qué apenas se habla de este tema?

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