de J. Seikkula y T. E. Arnkil
(Parte I)
Este primer comentario sobre la lectura lo voy a dedicar a cómo pienso que un técnico de apoyo entre iguales puede trabajar en los equipos multidisciplinares para aportar valor a los clientes multiagencia (por utilizar la misma terminología del libro) en el contexto del diálogo abierto.
Primero, quiero hacer referencia a lo que ellos denominan experticia y que plantean como un neologismo, que en inglés se denomina expertise y significa la “experiencia, habilidad, pericia o el dominio”[1]. En internet podemos ver una definición algo más completa que implica “la destreza y conocimiento profundo en un campo específico, adquirido a través de la experiencia y la práctica”.
Desde mi punto de vista, el técnico de apoyo entre iguales cuenta con esa experiencia que ha adquirido al afrontar su problema de salud mental. Probablemente, haya pasado por varias etapas en su recuperación[2]. Fases en las que ha solucionado problemas que ha interiorizado. Mediante una formación profesional está capacitado para apoyar y acompañar a otras personas con problemas de salud mental en su proceso de búsqueda del proyecto de vida personal.
El enfoque que plantean en este libro se refiere en muchas ocasiones a la importancia de los equipos y a la participación del círculo íntimo más cercano. La intervención debe adquirir esa forma desde el principio, con la persona como centro de todo. Hablan de la necesidad de contar con todas las personas que de una manera u otra pueden contribuir a que la persona utilice sus recursos y capacidades para avanzar en sus objetivos.
También sugieren la importancia de la “cooperación abierta temprana” que implica a otros agentes como políticos, gestores, etc. Generalizando, esto mismo también se puede aplicar a la experticia del técnico de apoyo entre iguales. En el campo de la economía de empresas esta idea se recoge en el término stakeholders, es decir “las partes interesadas son cualquier individuo, grupo u organización que forme parte o se vea afectado por el mismo, obteniendo algún beneficio o perjuicio[3]”.
Por ello, desde mi punto de vista en ese conjunto de personas también debería contar con un técnico de apoyo entre iguales. Mi propuesta es que la persona aporte su experiencia, aunque más concretamente, y tal y como mencionan ellos, se deben utilizar los insights, es decir, las soluciones y estrategias que la persona encuentra durante la evolución de su recuperación y de su experiencia vital en general.
Mi experiencia laboral me llevó a redactar un libro sobre grupos de apoyo mutuo en los que al final de cada sesión se hace una recopilación de esos insights[4]. Esto no quiere decir que éstos únicamente existan o tengan su valor desde la experiencia en primera persona, pero por mi trabajo he podido comprobar que el técnico de apoyo entre iguales completa al equipo de una forma que no puede se puede lograr de otra forma.
Seguramente esta complicidad en las personas receptoras surja de haber compartido un sufrimiento psíquico. Pero sea por el motivo que sea, y tal y como los autores plantean su enfoque, el técnico encaja en ese “ecosistema que fomenta las prácticas dialógicas”.
Mi conclusión personal, aunque también profesional, es que el capital emocional y experiencial de los técnicos de apoyo entre iguales puede aportar (de hecho, ya lo hace), muchos elementos de los que puede beneficiarse una persona (un cliente como llaman ellos acertadamente[5]), y esta conclusión la obtengo no solo de mis años de experiencia, sino también de la forma en que trabajan los equipos en salud mental que he podido conocer y estudiar.
Por mi parte, no puedo más que agradecer ese esfuerzo que hacen los autores por buscar y generalizar este cambio de paradigma y de cultura. Algo que me parece totalmente acertado y del que en base a mi trabajo, no puedo encontrar más que coincidencias en prácticamente todos sus argumentos.
En definitiva, mi posición es que debemos construir ecosistemas de servicios y recursos donde la colaboración y la calidad de la oferta tanto profesional como en primera persona sea escuchada y utilizada como un elemento que enriquece al modelo.
REFERENCIAS:
- Diálogos abiertos y anticipaciones terapéuticas: respetando la alteridad en el momento presente. Jaako Seikkula y Tom Erik Arnkil. Ed. Herder. 2019.
- Reflexiones de grupos de ayuda mutua (salud mental). Antonio Ramón Ramos Bernal y Sandra Murcia Pomares. 2022.
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[1] Wordreference. (2025). Expertise. https://www.wordreference.com/es/translation.asp?tranword=expertise.
[2] Se puede consultar un modelo que estudia y analiza las etapas de la recuperación de un problema de salud mental en la escala STORI (Stages of Recovery Instrument).
[3] Wikipedia. (2025). Personas interesadas. https://es.wikipedia.org/wiki/Partes_interesadas.
[4] El libro “Reflexiones de grupos de ayuda mutua (salud mental)” enumera los distintos insights que surgen en estos grupos compuestos únicamente por personas con experiencia propia.
[5] El término cliente se utiliza como sinónimo de personas usuarias o personas con experiencia propia, es decir, personas que demandan servicios. En este caso, quiero resaltar que el concepto de cliente debería vincularse y utilizarse del mismo modo que en el campo de las empresas. Esta visión de la empresa pone a los clientes como centro de toda decisión, como esencia de su actividad y como activo más importante en su devenir estratégico. Esto da pie a conceptos como la experiencia de clientes tan cuidada y de reconocida importancia en la toma de decisiones empresariales.
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